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A propòsito del paro
Un buen amigo periodista me preguntaba por qué el paro cafetero fue tan duro en el sur del país, mi respuesta se centró en cinco puntos que en la nueva era de “El Liberal” quiero compartir con ustedes.
Primero, el nuevo eje cafetero de calidad y productividad del país es Cauca, Nariño y Huila, por ello, una crisis cafetera golpea especialmente estas zonas.
Segundo, estos departamentos especialmente el Cauca, han perdido liderazgo y fuerza política y gremial, lo que nos lleva a que en el Gobierno Central solo nos vea como una zona a atender en emergencias y no como una zona que debería ser estratégica para el desarrollo nacional pues en ella se conjugan el Agua (recurso de este milenio), el Pacifico y la capacidad de Producción de Conocimiento.
Esta visión hace que el Gobierno Central llegue tarde a la solución de los problemas y que en sus prioridades de inversión no esté la región con la fuerza que nos merecemos.
Vale la pena recordar como seguimos luchando por 200 mil millones de pesos para construir la carretera que nos conecte al Pacífico, con el antecedente que cuando el casi 70 por ciento de esta vía estuvo financiada y contratada como parte del proyecto para construir la Central Eléctrica de Brazo Seco, el señor ex Presidente Uribe en uno de sus arranques, nos quitó esta obra en complicidad con un Senador Caucano que así lo solicitó, al mismo tiempo que la Nación comprometía más de 15 billones de pesos para la vía que conecta a Antioquia con los principales puertos del Atlántico.
Tercero, en las zonas rurales del Cauca hay tejido social y las gentes rápidamente se pueden organizar para desarrollar una protesta, mientras tanto, los dirigentes empresariales solo cobran importancia y se les escucha en crisis como las que vivimos en el bloqueo y no permanentemente como debería ser.
Cuarto, el Cauca y Nariño tienen clara vocación agraria, y lo que le pasa al agro, le pasa a toda la economía de la región, por ello debemos tener presente que la violencia del país que se concentra en nuestra tierra, tiene mucho que ver con la crisis del sector, el consecuente desempleo rural, y la quiebra de sectores como el café, panela, fique, leche, cacao y maíz, por solo enunciar algunos.
Quinto, en nuestro departamento nos preparamos para ganar elecciones, pero no para gobernar. Es increíble que teniendo conciencia de que la causa de muchos de nuestros males está íntimamente relacionada con el desempleo urbano y rural, de más de un billón de pesos que luchamos para que llegaran al Cauca en el cuatrienio (2011 – 2014) en forma de regalías con libertad de disposición por parte de los Gobiernos departamentales y municipales, menos del 30 por ciento se estén priorizando en proyectos productivos generadores de empleo. ¿Sabía estimado lector que solo utilizaremos 20 mil millones del billón de pesos para un proyecto de renovación cafetera y que no hay ningún otro proyecto de impacto en el sector agropecuario?, ¿que el turismo no aparece entre las prioridades de inversión con estos montos? y ¿que no hay un solo proyecto ambicioso para enfrentar el desempleo de Popayán?, la ciudad con el mayor índice de desempleo nacional.
No se entiende que al Cauca lo gobierne una interesante y muy respetable coalición de organizaciones sociales y políticas, y que de esta fuerza no se haya construido un espacio de dialogo interétnico, que sea capaz de construir consensos para que la justa aspiración de las comunidades indígenas, afros y campesinas no se ganen a costa del bloqueo y quiebra de lecheros, transportadores y comerciantes de Popayán y otros municipios y que cada vez que el INCODER tome decisiones inconsultas y sin conocimiento que generan conflictos en la compra de tierras, tengamos que salir a apagar incendios por que se afectó una comunidad campesina, indígena o afro y se desconocieron derechos que de tiempo atrás estas reclamaban. Al menos que esta fuerza social logre que en las protestas exista un mínimo humanitario para que sea respetada la misión médica.
Sé que esta reflexión puede generar incomodidad, pero la hago porque estamos a tiempo de rectificar prioridades de inversión y de construir una mesa de dialogo caucana en donde por fin nos encontremos y convirtamos nuestras diferencias en potencialidades, no en conflictos.
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